lunes, 30 de diciembre de 2013

Yo soy gamer


Yo soy un gamer. Y no es cosa de ahora, ni de hace 6 años. Soy y he sido un gamer toda la vida. Recuerdo perfectamente cómo empezó mi afición por los videojuegos. Yo debía tener 6 años, 7 a lo sumo, y una prima mía tenía una de aquellas videoconsolas que solo permitían jugar al juego que tuvieran en la memoria, en aquel caso el Tetris. Por Dios, como quise una de esas maquinitas. La deseaba tan fuertemente como sólo los niños desean algo. Y, sin embargo, nunca tuve una.

Pedí para reyes durante un par de años una videoconsola, pues cualquiera me valía, hasta que mis padres me dieron el capricho. Una copia de la por aquellos tiempos típica Nintendo. Yo no sabía aún nada de la rivalidad entre la Nintendo y la MegaDrive, pero me importaba un rábano. Aquella pseudo-Nintendo era la mejor de todas. Tenía en la memoria cientos de juegos míticos como el “Circus”, el Super Mario, y el Battle Tank. Y a esos hay que sumarle algunos cartuchos nuevos (podías usar los de la Nintendo) que poco a poco fui adquiriendo: Los Cazafantasmas, Super Mario vs Donkey Kong… ¡qué maravilla!




Recuerdo largas tardes jugando con los amigos al Battle Tank o al Super Mario. El que perdía una vida le daba su mando a otro: era lo que conocíamos como un rey de la pista. Si eras muy bueno, jugabas más que los demás, pero de niños aquel sistema nos parecía óptimo. Pasaba los días deseando que llegara la hora de la videoconsola. Las cosas eran así, te dejaban jugar una hora si habías hecho los deberes y te habías portado bien; más tiempo no que te atrofia el cerebro. Entonces nos íbamos a casa de otro amigo cuyos padres no supieran que habíamos estado antes en mi casa, y jugábamos otra hora al ordenador o a lo que fuera. 

Y de pronto llegó la adolescencia y todo cambió.


La super Nintendo, que lujazo


La adolescencia trajo consigo un cambio en muchos de mis amigos. Supongo que vino de la mano de las mismas hormonas que te explicaban como ligar con una chica. Así que ambas cosas pasaron por delante de mí sin que yo me diera ni cuenta. No me interesaban las chicas en absoluto (según mi tío sólo las quería cerca para tirarlas piedras), y seguía deseando que llegara ese ratito en el que pudiera engancharme a la videoconsola. Ahora una maravillosa Super Nintendo ocupaba mis pensamientos. La obtuve como recompensa por no suspender ninguna asignatura a los 12 años, creo. Y poco me importaba a mí que me hubieran regalado una consola que estaba a punto de quedarse obsoleta con la salida de la Play Station al mercado, o con la ya disponible Dreamcast. Mi máquina era perfecta.

Jugué mucho al Sim City (¡¡juegazo, juegazo!!), al Super Mario World, al Dragon Ball SuperButoden (best DB game ever!!), y al Rey León. La diferencia era que ya no siempre tenía con quien compartir el segundo mando de mi videoconsola. Frases lacerantes como “los videojuegos son para los niños” o “yo no estoy con los amigos para ignorarles enganchándome a una máquina” servían para ridiculizarme cuando yo proponía delante de mis amigos ir a jugar un rato a la videoconsola.



Comenzó para mí una época oscura en la que incluso un listillo llegó a apodarme como “viciecus consolitis toeldiak”. Apodo que rápidamente pasó de moda por su longitud y dificultad, así como porque como lo decían púberes intentando imitar el latín sonaban tan imbéciles que pronto decidieron dejar de usarlo. Finalmente decidieron simplemente llamarme viciado. Tiene gracia pensar que concretamente el que me llamó viciado por primera vez empezase a fumar a los 13 años y ahora sea adicto a mojar cristal y disolver cocaína en ingentes cantidades de alcohol. Ironías de la vida, por lo visto era yo el de los vicios.

Era una época en la que empecé a esconder mi gusto por las videoconsolas y los cómics. No ya por ser más sociable, sino para evitar tener que lidiar con tonterías de niños idiotas. La cosa funcionaba así: pese a mi escaso interés yo conocía gente nueva, chicas nuevas. Y te preguntaban, “¿cuáles son tus hobbies?” Y en vez de decir “leer y jugar con la videoconsola”, si querías acercarte mínimamente a su falda como poco debías responder algo así como “me gusta salir, ir al cine con los amigos y hacer deporte”. De lo contrario te ridiculizaban llamándote ‘friky’. 

Para empeorar las cosas, en aquella época conocí el Final Fantasy VII y el Final Fantasy VIII. Por Dios, ¡qué maravillosas obras de arte! Con diferencia los dos juegos (para ordenador) a los que más horas he dedicado. Madre mía, que juegazos. A veces prefería salir más tarde que el resto para poder avanzar un poco más en mis emocionantes partidas. 

Así que me adapté a los tiempos: seguí jugando con un par de amigos fieles a las maquinitas, pero de puertas para afuera nunca reconocía mi afición. Incluso la negaba por lo bajini, si me preguntaban. “Juego a veces, pero sólo un rato cuando me aburro mucho”.  Y no es que me importase un bledo lo que fueran a pensar de mí, era simplemente por evitar discusiones con niños idiotas que ahora tenían 15 o 16 años. La sociedad, mis padres, y todo mi entorno en general me habían convencido de que por lo visto, mis gustos eran infantiles y tenía que ir olvidándome de ellos. 


El cambio comienza


Pasé toda mi adolescencia luchando porque mi secreto no viera la luz, y ahorrando para comprarme una Play Station que yo tenía muy claro ya nadie me iba a regalar. Y para cuando hube ahorrado lo suficiente, la Play estaba obsoleta y debí ahorrar aún más para comprarme una Play2. Creo que fueron 220 euros la play2 y el Final Fantasy X. Todo un logro para un chaval de 17 años con una paga de 10 euros semanales. 

Pero durante esa época, algo comenzó a cambiar. De pronto un día, alguien propuso un plan nuevo. “¿Y si vamos a jugar un par de horas al ciber?” “¿Un ciber? ¿Qué demonios es eso?” “Es un sitio que han abierto en el barrio, lleno de ordenadores con los juegos más modernos. Pagas un poco, y te dejan estar un par de horas jugando Online”. ¿Sería un sueño? ¡Alguien de mi grupo estaba proponiendo ir a jugar todos a videojuegos de manera que parecía algo moderno y molón! 

Y empezó entonces la época en la que más frustrado me he sentido en mi vida. Todos aquellos cabrones que me habían hecho ocultar mi afición a los videojuegos, de pronto tenían mucho más dinero que yo para gastar en los cibers. ¡Y como resultado eran mejores que yo al Counter Strike y sus personajes del Diabo II tenían más nivel! Cerdos. 

Total, que de una manera misteriosa, desde entonces los videojuegos se han vuelto algo popular y guay. O sea, que yo fui durante años el viciado, el friky, el rarito de los videojuegos del que había que inventarse estúpidas bromas, era el gamer. Y de pronto todo el mundo se gastaba dinerales que yo no podía permitirme en Playstation3 u otras potentes videoconsolas. Y después, la gente empezó a vestir camisetas de videojuegos antiguos como Sonic, a llevar detallitos como pegatinas de PS3, y fotos de gente que en su vida había jugado un videojuego, ahora inundaban internet en las más sugerentes poses que hacían pensar “me encantan los videojuegos, toda mi vida ha sido así”. 



Y yo tengo que soportarlo. Porque podréis pensar “¿Pues ahora estarás contento, no? Ahora está muy bien vista tu afición”. Pues no, y no me sale de las narices estarlo, falsos, ¡qué sois unos falsos! ¡Hipócritas! Yo, que he visto la evolución desde el Mario Bros (No Super Mario Bros, ojito al dato) hasta el Super Mario Kart 7, yo que tenía el Final Fantasy 7 para ordenador y para Play Station, yo que he atesorado horas con mis personajes preferidos, ahora no soy exclusivo. Ahora que llega mi momento de gloria, resulta que tengo que conformarme con ser un cualquiera. Una chica que no ha jugado más que a los juegos del Facebook y al Candy Crush se hace una foto en tanga con un mando de cualquier videoconsola y a ojos de todo el mundo es ya más gamer que yo. Un cani que no sabe que es el Doom o el Quake, ahora es el más experto en shooters. Un fulano es un héroe por pasarse el Príncipe de Persia, y ni siquiera sabe que ya hubo una versión de diskette para 386 hace la tira de años. A todos ellos yo les digo: ¡No os merecéis disfrutar de una afición que durante más de 10 años habéis criticado y tachado de nociva!



Ya tenéis vuestras discotecas, vuestras fiestas y vuestras historias, ¿por qué tenéis que venir a mi terreno a estropearlo todo ahora? Y os preguntaréis “¿Estropearlo?” ¡Pues sí! Desde que los juegos tienen el volumen de venta que tienen desde hace 5 años, desde que todo el mundo que no ha sabido lo que es un buen juego en toda su vida  ahora va y se cree un experto, los títulos que salen hoy en día no son ni la mitad de buenos de lo que tenía que ser un juego para triunfar en los 90. 

Antes un juego tenía que tener una historia fabulosa, unos personajes con los que conectaras, y una jugabilidad limitada por la tecnología del momento pero sorprendente. Unos gráficos que a veces no te permitían distinguir las cosas bien, pero que debían resultar atractivos. Y todo ello envuelto por una banda sonora que armonizara y se te metiera en la cabeza. Ahora mezclan una historia lamentable sin apenas argumento y una música nada trabajada con unos personajes toscos con los que no se puede empatizar, pero eso sí, con unos gráficos estupendos de última generación, y te sacan un juego que vende 5 millones de copias y que resulta ser una obra de arte. ¡Por la falta de criterio de los gamers de nueva generación yo tengo que jugar a juegos que aunque vendan miles de copias son una basura! ¡Por su torpeza las compañías han dejado de sacar obras de calidad para dedicarse a juegos vendibles a una masa ingente de personas que pagan 70 euros por un juego que se terminan en 6 horas! ¡Ya hace más de 10 años desde que sacaron el último Final Fantasy por el que mereció la pena obsesionarse!

 Y todo esto por no hablar de los micro pagos. Antes te comprabas un videojuego, que te costaba tus buenos ahorros, y tenías todo el videojuego. Algunas partes casi imposibles de desbloquear, vale, pero lo tenías todo enterito. Ahora te pasas el videojuego, y resulta que mediante cómodos micro pagos puedes adquirir niveles extra, aspectos diferentes para los protagonistas, etc. ¡Una maravilla esto de la evolución de los videojuegos, si señor!

6 comentarios:

  1. Ayyyyyyy, ese gamer jubileta, como critica a las nuevas generaciones! jajajaja

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  2. Te entiendo xD En mi caso lo de ser Gamer comenzó con el Quake y el Duke Nukem en el ordenador, mi padre era muy jugon (y friki). Mi madre veía todo eso con malos ojos (bueno, igual tenía razon, tenía 7 años y estaba jugando al Duke Nukem....), Es por eso que no tuve una videoconsola hasta mi cumpleaños, cuando por fin me regalaron una Play Station 1, la cafetera antigua aquella xD.

    Por no tener videoconsola no había problemas en ser marginada, solo mencionar Star Wars era motivo de margine 100% XD y yo era muy friki de Star Wars gracias a mi padre.

    Despues de la Play 1, naturalmente vino la play 2 y cuando mi hermano era pequeño el tuvo todas las consolas que yo no tuve. Que si Game boy color, que si game boy SP, que si PSP, Play station 3, nintendo DS.... etc etc, pero lo bueno es que todas esas consolas pude sobarlas yo xD.

    Si no te veo, espero que pases un feliz fin de año Holden~~

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  3. ¡Gracias a las 2 por leeros mi tocho-post! (Si es que no os habéis saltado partes por coñazo)

    ¡No soy un gamer cascarrabias, Speedygirl, es que en mi época los juegos eran mejores! xD

    Tara, ¿7 años y dándole al Quake? ¡Genial! Me alegro de que hayas tenido suerte con las maquinitas, que decía mi madre.

    Yo de Star Wars no soy muy friky la verdad, aunque me molan las pelis. Me gustan las batallitas con sable sobre todas las demás cosas.

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  4. Entiendo lo que quiere decir Holden con los juegos, el último final fantasy que me enamoró es el 7, yo que siempre he sido muy fan de Devil may Cry pues.... pfff creo que nunca sentí tanta verguenza ajena como con el 4, ahora el nuevo start que han hecho de la saga no esta nada mal.

    Casi todos los juegos que me gustan son de play 1, ¡Anda que no llore con el Legend of the Dragoon! llorar a mares, de esto que dices, hostia, me ha tocado dentro, ahora los juegos no te conmueven. Uno de última generacion que si que me conmovió mucho fue Metro y Metro last Light, tengo que reconocer que se me puso mal cuerpo con algunas escenas por que inevitablemente, te pones en el lugar y eso es maravilloso! Pocos juegos lo hacen.

    Yep xD quake y duke nukem xD, mi madre lo veía muy mal, la verdad, y tuvo esa idea de que la tecnología la cargaba el diablo pero por suerte cambió de parecer :D

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  5. uy, he dicho el 7, pero en realidad es el 9, me he colado xD el ff8 me parecio un poco coñazo, no pasé del CD1

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  6. Yo a los DMC solo jugué al primero ^^

    Si los videojuegos son los culpables de la violencia, a mí que me expliquen a cuál jugaba Hitler. :P

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