sábado, 5 de septiembre de 2015

Vídeos y gatetes (que no vídeos de gatetes, ojo)

Observen que tras la ampliación cónica la lámpara es casi tan grande como su cuerpo
¡Caturday por fin! ¡Mi día favorito de la semana! Hoy por fin le hemos quitado la lámpara a nuestro gatete Odín, lo cual nos regocija. Sobre todo a él, que llevaba una semana sin poder hacer maldades, claro, y ahora está nervioso y siente que tiene que recuperar el tiempo perdido.

Aunque bueno, él siempre se las apaña para fastidiarnos. Durante esta semana nos ha demostrado que a él nadie le dice dónde puede lamerse y dónde no. Como vimos que el cono no era suficiente desafío para nuestro Odín y que se buscó las mañas para lamerse la herida pese a todo, hubo que tirar de ingeniería.

Le ampliamos el cono con cartón y celofán del gordote. Esta maravilla de la artesanía casera ha conseguido durar toda la semana, no así su función principal. Al día siguiente una vez más nos demostró su superior inteligencia lamiéndose incluso con tan aparatoso collarín. Al carajo con el gato, decidimos, la herida se le está curando bien pese a sus lametazos.



Total, que se lo hemos quitado y para celebrar eso y que es sábado os dejo un par de vídeos más para la colección. En este caso muy breves, pues son ejercicios del curso que hice y no tienen más misterio. Aún así, el primero (encima de estas líneas) es una pequeña obra maestra de 3 segundos. Sin efectos especiales, únicamente realizado con el programa Davinci Resolve y jugando con los colores.


Éste otro es After Effects: un programa que como su propio nombre nos indica es para añadirle efectos a los vídeos. Igualmente es un ejercicio de 8 segundines, pero moló bastante para aprender a usar el programa. Hay que aclarar que la idea era poner fuego en el bosque desolado para que pareciera que la niña era víctima de un incendio, pero yo decidí darle una vuelta de tuerca por aquello de hacer algo original. Total, que ahora se trabajar un poco de efectos especiales.

Más: Anteriormente en lafabulosagallinadegoma, La lista de Schindler

domingo, 30 de agosto de 2015

Tengo un gato lámpara, ¿y ahora qué?



Odín, el fantástico gato lámpara

Atención: este post contiene una historia verídica narrada de la forma más realista posible. ¿La razón? Que cualquier persona cuya mascota sufra un accidente sepa cómo reaccionar lo mejor posible sin entrar en pánico. Por ello, y pese a que recomiendo encarecidamente leer el post para aprender de la mala experiencia, se avisa a los más sensibles de que después de este párrafo las cosas pueden ponerse desagradables. 


Ayer le cercené la punta de la cola a uno de mis gatos. Lo cuento así, sin suavizarlo, por si alguien se piensa aún que el párrafo anterior es una broma: ojalá lo fuera. Fue un accidente, de hecho el más típico con los gatos: entré en el baño y el minino, que me seguía, metió la punta de su rabo en el quicio de la puerta sin darse cuenta. Y lo peor de todo es que ocurrió estando de veraneo (lejos de nuestro veterinario habitual), en sábado y fuera de horario.

Que nadie piense que di un portazo: el extremo de casi todas las colas de los animales está preparado evolutivamente para separarse sin demasiado esfuerzo para huir en caso de ser atrapado por un depredador. En algunos casos como la lagartija o Piccolo vuelve a crecer, y en la mayoría no (como mi gatito por desgracia). No hubo portazo ni brusquedad, más bien al contrario, que aún había gente en la cama.

Salgo del baño y veo caer la puntita de la cola del quicio de la puerta: ¿qué hago? Me gustaría que llorar y llamar a mi mamá gritando fuese la opción que lo solucionara todo, pero resulta que no lo es: el animalito depende de nosotros. Muy importante estar calmado y preparado para lo que viene a continuación y sobretodo no culpar al animalito.

Odín, ahora conocido como 'Lampi'
Paso 1. Localizar al michino y evaluar los daños. En mi caso el gato estaba en la cocina bebiendo agua tranquilamente, cosa que me dio falsas esperanzas. Me acerqué con cuidado tratando de inspirarle calma y le miré la colita: encontré la mayor parte del último hueso de la cola pelado y recubierto de sangre. Compruebo que lo que tengo en mi mano es, en efecto, solo un trocito de hueso y mucha piel y pelos.

Paso 2. Seguimos sin considerar llorar y gritar desesperados mientras damos vueltas sobre nosotros mismos: hay que limpiar y curar la herida por muy desagradable que sea. Agua oxigenada le guste al gato o no. Lo normal, insisto, es que el gatito nos mire confuso y con cara de '¿Qué tocas? ¿Por qué tocas?'  

Paso 3. Cogemos el móvil y NO le hacemos una foto, NO la subimos a tuiter, y NO perdemos el tiempo con gilipolleces. Llamamos al veterinario de urgencias: como en casa somos previsores, siempre que vamos a algún sitio sabemos de antemano dónde está el veterinario más cercano y tenemos el número de urgencias de dicha clínica. Muy recomendable, ya que uno se pone algo nervioso tras amputar a su mascota y no es el mejor estado para buscar en Google.

Paso 4. Aún con mucha calma, se agarra al confundido animal que se ve alejado de su comedero sin previo aviso, y se le introduce en el transportín. Nos vestimos de personitas (o de marcianos, según raza) recordando que podemos mancharnos de sangre y acudimos a la cita.

 Paso 5. Tras entregar nuestro querido animalito al veterinario, le ofrecemos nuestra ayuda a la hora de anestesiar al animal (muy recomendable) y nos enteramos  bien de la hora de recogida y del precio: no existe la sanidad pública animal.

Paso 6. Tras recibir a nuestro gato lámpara, pagar al veterinario (50 euros en total), y acudir a la farmacia a por antibióticos o calmantes si fuera necesario (en mi caso no), procedemos a la devolución del animal a su hábitat natural: el sofá. 

El tiempo total transcurrido es una hora casi exacta. Lo desgloso: Le corto la cola, me doy cuenta, le limpiamos y llamo: 5 minutos. La cita con el veterinario es 20 minutos después. La operación tarda media hora. Volvemos a casa en otros 5 minutos.

Paso 7. Ahora que el gato está vivo, curado y mide unos centímetros menos, viene lo más desagradable: la sangre. Oh, sí. La sangre. Repasamos la ruta que siguió el animal desde que se pilló la cola hasta que le introdujimos al transportín y comprobamos que lo normal es que haya algunos chorros de sangre por las paredes y gotitas en el suelo. Sí: eran tan invisibles hasta ahora mismo que no te explicas cómo has podido no darte cuenta antes. Limpiamos y desinfectamos.

Paso 8 opcional. Los animales lámpara tras las operaciones a veces tienen la mala costumbre de no querer comer ni beber. Tras un tiempo prudente de verlo dejarse morir lánguidamente, se baja a la farmacia más cercana y se compra una jeringa de alimentación. Se le hace tragar agua por Tutatis. Si no se consigue que coma de ninguna manera, se puede hacer una papilla mezclando su pienso con agua en la batidora y se le introduce vía jeringa de alimentación.

Al borde de la muerte, sigue sin perdonarme
NO SE LE QUITA la lámpara al gato lámpara en el plazo que nos haya indicado el veterinario bajo ningún concepto. Le veremos sufrir, nos llorará y procurará darnos pena chocándose contra nosotros aparentemente sin querer, pero hay que ser inflexibles en este punto. Aconsejable mimar en exceso al animalito. 

Ahora ya es el momento de preocuparnos por nosotros mismos, de sentirnos culpables, de arrepentirnos de haber nacido, de hacerle fotos o de lo que nos dé la gana. También es el momento de intentar convencer al otro gato (si lo hubiera) de que la lámpara que le ha salido a su hermano no es contagiosa

Espero que ninguno tengáis que pasar por esta horrible experiencia, pero si os ocurriera al menos que Diox os pille confesados estéis preparados. Por cierto, el nombre real de la lámpara es collar isabelino, algo de lo que yo no tenía ni idea hasta ayer. Ojalá que yo no vuelve a verme en una de estas. ¿Alguna vez habéis pasado por algo parecido? 

Más: anteriormente en Lafabulosagallinadegoma,  Odín

lunes, 24 de agosto de 2015

¡Admirad mi nuevo móvil!

Nuestro amo y señor con sus faraónicas demandas

Comienza sutilmente-un poco de fastidio por aquí, un inconveniente por allá-y poco a poco el bip bip bip de las teclas comienza a afectar a tu calidad de vida, como una úlcera en la boca, como una china en el zapato, o polvo en el ojo.

      El menú es una confusa maraña de callejones sin salida. Tiene un teclado sensitivo que, tan pronto se niega a colaborar, como entra en acción si respiras sobre él. Uno de dichos botones sirve para finalizar las llamadas, por lo que fácilmente puedes dejar a la gente colgada con la palabra en la boca solo con arrimar la oreja. Aparentemente no tiene "modo silencio", y cuando lo dejas en "modo vibración" zumba como una abeja dentro de una caja de cerillas.

      Está colapsado por un atajo de inútiles iconos, e incluye un sistema que escanea cada sms y cambia algunas palabras por locos y molestos iconos parpadeantes, de modo que si alguien te dice que ha atropellado a un niño con el coche, se sustituirá la palabra coche por un ridículo icono. El mensaje no tendrá seriedad ninguna. También incluye la demo (jugable) de un juego en el que manejas a un conejo lanudo. ("¡Metete en la piel de Bobby Carrot, la nueva y súper mona estrella del juego "En busca de la zanahoria"!").

      Pero lo peor de todo es que parce tener omnipresente la opción de conectarse al servicio de internet de la línea "Mocostar", lo que significa que, sin importar cuan confundido que estés buscando algo en el menú o tratando de razonar con el teclado del aparato, siempre acabarás conectándote a internet. Nunca jamás estarás mas lejos de un "clic" para empezar la conexión a toda una galaxia de imbecilidades, la cual, lejos de reducirse a las noticias o a los horarios de los trenes, está llena de pornografía con los títulos de "pibones y tetas", chicas que te miran en ropa interior desde la pantalla, presumiblemente porque algún degenerado cerebro de mosquito descubrió la ventaja del servicio de internet de "Mocofone" para vender pornografía a cuadrillas de adolescentes rebosantes de hormonas, que no merece sino ser castrado para, posteriormente, hacerle digerir su red pornográfica.

Y después de esto, te llega el mensaje que indica que tu saldo ha sido considerablemente reducido debido al tiempo que empleaste intentando averiguar cómo desconectarte de dicho servicio de internet. Brillante. De este modo logran que dejes sin realizar las operaciones telefónicas que realmente querías realizar, y para las que ahora necesitaras una recarga extra de saldo. Sssstupendo.

Si realmente existiera algún tipo de justicia en este mundo, estos aparatos deberían ser desguazados, reducidos a piezas, elegir el camión más grande posible, y alejar esas piezas del mundo civilizado, piezas que solo sirven para aturdir el cerebro atrofiado de algún usuario incauto.

      En cualquier caso, no bien me hube deshecho del susodicho aparato, comencé a vérselo a decenas,cientos de personas. ¿El consumismo? No. Mi teoría: El gobierno está suministrando estos aparatos a las masas para lograr someternos a un estado perpetuo de de confusión, enfado, y hostilidad. No digan que no se lo avisé.

Este texto está sacado de mi antiguo blog y data del 2006, cuando la mayoría teníamos teléfonos tamaño ladrillo con saldo recargable y desde luego sin conexión a internet tal y como lo conocemos hoy en día. En cierto modo me complace descubrir que mi opinión respecto a estos aparatejos no ha cambiado mucho después de tanto tiempo pero, ¿y vosotros? ¿Sois adictos a los teléfonos o sois de los que solo lo miran al llegar a casa? ¿Respondéis al tuiter desde el restaurante o miráis con cara de odio a quienes lo hacen en vez de disfrutar de vuestra impagable compañía?

Más: anteriormente en Lafabulosagallinadegoma, Truquitos para Blogger

miércoles, 19 de agosto de 2015

La bici



Aquí mi nueva 'bestia'
Aparte del cine de verano, otro de los reencuentros felices que ha tenido este veranito para mí ha sido la bicicleta. Y la verdad es que todo lo que diga al respecto va a ser poco, lo prometo. La primera palabra que me vino a la mente la primera vez que monté en bicicleta tras 14 años fue 'libertad'. No sabría explicar porqué, la verdad, pero me vino a la mente apenas empecé a tambalearme sobre mi nueva montura.

Y no es de extrañar: cuando era chaval allá en el pueblo, casi todos los días me hacía recorridos de más de 50 km con mi bicicleta por las carreteras vacías de castilla con un sol de justicia quemándome la nuca. Y de pronto, dejé de montar. No tengo muy claro el motivo, pero creo que fue por las chicas. Si, vosotras. O salía por la noche e intentaba ligar (JA!) o hacía deporte por las mañanas. Tarde o temprano las hormonas te obligan a hacer ese tipo de elecciones, ya me entendéis.

El caso es que en pleno cabreo con el Metro y su cada vez peor servicio, un amigo mío perdió su empleo. Y total, que se mudaba a su ciudad y quería deshacerse de su bici. En realidad yo no quería, por supuesto solo se la compré por hacerle un favor: así de buen tipo soy. No tiene nada que ver con que me vendiera su bici casi nueva por un precio de risa, lo juro.

Y la bici permaneció en mi terraza durante unos meses acumulando polvo y entorpeciéndome el paso. ¿Alguien más empieza proyectos con mucha ilusión y los abandona a los dos días? Yo constantemente, así de desastre soy. Total, que la bici tenía pinta de ir a formar un nuevo capítulo de Tormentagedón, cuando me dio por hacer cuentas.

Veamos, le dije a Google, cuanta distancia hay de mi casa al curro. ¡Vaya! ¿Sólo 15 kilómetros? Pero si yo en bici he superado los 70 de una tirada. Hummmm. ¿Y si...? Si, podría funcionar...

Esa misma tarde me compré un flamante casco nuevo (total, ya no puedo lucir la melena al viento), que no era cuestión de matarme por hacer el idiota. Fui a por el casco en bici y descubrí que el centro comercial en cuestión ¡tiene parking de bicis! Y me llevé una navajita (para cortar los precintos), así que ya volví con el casco puesto. 

También adquirí una flamante linterna para la parte delantera de la bici, y una increíblemente molesta lucecita intermitente para la parte trasera. Esta última no la compré para que se me viera mejor, la compré únicamente para molestar a los conductores que fueran detrás mía. Todo estaba listo.

Al día siguiente fui al curro en bici, y volví. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan satisfecho. Y descubrí dos cosas: una que en bici tardo MENOS que en metro al trabajo, ¡que frustrante tardar años en descubrirlo! Y la otra cosa que descubrí es que conducir por Madrid a las 3 de la tarde entre coches y autobuses, hablando muy vulgarmente, da más calor que follar debajo de un plástico. 

Total, que pienso seguir yendo al trabajo en bicicleta: más barato y más rápido, por no hablar de lo sano que resulta. Eso sí: mejor me abstengo de montar en julio y agosto a más de 40 grados, no vaya a ser que me dé un jamacuco. ¿Alguno de vosotros seguís montando en bici? ¿Os movéis con ella por una gran ciudad sin miedo o sin consciencia?

Más: anteriormente en Lafabulosagallinadegoma, Tormentagedón (1), (2), (3), y (4)

miércoles, 12 de agosto de 2015

Frases en las paredes (3)




Ah, Barcelona. La ciudad de Gaudí, artista ente artistas. Muy cercana a la cuna de Dalí, uno de mis pintores preferidos. Urbanita, cosmopolita, modernita… ¿Qué decir que no sepáis ya? Pero no todo son grandes obras archiconocidas, no. A la sombra de algunas de las fachadas más célebres de la ciudad, agazapadas en recónditos callejones, o  desafiándonos desde alturas imposibles se encuentran otro tipo de obras.

¿Más frases en las paredes? Me gustaría, pero no va a ser posible: encontrar esos retazos de sabiduría demencial no es tan fácil como parece. En esta ocasión voy a subir algunas de las pintadas callejeras más interesantes que me he encontrado en estos primeros días en Barcelona.


También quiero destacar que estoy pasando estas vacaciones con mi familia bielorrusa, y como no podía ser de otra manera les he hecho algunas preguntas sobre Rasputín, así que ya os actualizaré con información de primera mano. Como ya he dicho anteriormente, nuestras culturas chocan a veces en lo más elemental (por ejemplo la fecha del descubrimiento de América) y por eso, ¿qué mejor fuente de información sobre Rasputín que un par de comunistas de pura cepa?


¿Os gustan las pintadas callejeras o sois de los que moleríais a patadas a cualquier chaval con un bote de pintura en la mano? Si tenéis alguna cerca que os mole… ¡Hacedle una foto y mandádmela! 

Mas: anteriormente en Lafabulosagallinadegoma, Frases en las paredes (2)